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Saturday, January 29, 2022
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    España ultima un sistema para vigilar al Covid como a la gripe común

    Foto: elpais.com

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    La relación de los humanos con el coronavirus está en continuo cambio. Los protocolos cada vez son más laxos y las restricciones también, a medida que más personas han tenido contacto con él y que las vacunas han protegido a la mayoría de la población de padecer una enfermedad grave. El siguiente paso será comenzar a tratar la covid de una forma más similar a lo que se hace con la gripe: sin contar cada caso, sin hacer pruebas ante el menor síntoma. Observarla como una enfermedad respiratoria más. Las autoridades sanitarias españolas llevan meses trabajando en esta transición y ultiman un plan para abandonar paulatinamente la vigilancia universal de la covid y pasar a una que se denomina “centinela”.

    Es la que se lleva años utilizando para la gripe. En lugar de reportar cada caso de covid que se detecta en el país, algo insostenible a largo plazo, se escogerá un grupo de médicos de primaria o centros de salud, combinados con hospitales, de manera estratégica, para que funcionen como testigo. Se trata de crear una muestra estadísticamente significativa y repartida en puntos clave, como se hace con las encuestas, que permite calcular cómo se expande la enfermedad, la más leve y la más grave, pero no ya mediante el conteo exhaustivo, sino con extrapolaciones.

    Es una estrategia que se lleva preparando desde el verano de 2020. Pero la planificación entra ahora en su fase final. Los responsables del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES); los de la Ponencia de Alertas, donde están representados técnicos de todas las comunidades autónomas; y los del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) tienen esta semana previstas varias reuniones para debatir este cambio de filosofía: cuándo y cómo se va a implementar; no tiene fecha, pero no se prevé antes del final de esta sexta ola.

    “Ahora, dada la enorme transmisibilidad de la covid, resulta un desafío muy grande cumplir estrictamente con los protocolos de vigilancia universal, se está haciendo imposible”, explica Amparo Larrauri, responsable del grupo de vigilancia de gripe y otros virus respiratorios del CNE. De hecho, los protocolos ya se han empezado a relajar y ya no se exigen pruebas a los contactos directos de los positivos si no presentan síntomas, por ejemplo.

    “Ante esta nueva realidad, estamos trabajando en la transición desde la vigilancia universal a una centinela de infección respiratoria aguda leve en primaria y grave en hospitales. Pero no se puede cambiar de la noche a la mañana. Tenemos compromisos internacionales [de notificación de todos los casos] y hay que consolidar los sistemas centinela”, asegura Larrauri.

    Buena parte del trabajo ya está hecho. Hay cinco comunidades que ya han empezado en modo piloto la vigilancia con este sistema en primaria, y nueve en hospitales. “Se deben elegir los puntos centinela notificadores de determinada forma para que sean representativos de la población del territorio vigilado, de forma que siguiendo la experiencia que ya tenemos en la vigilancia de la gripe, podremos saber la evolución epidemiológica y las características de circulación de determinados virus con una muestra de lo que está sucediendo. Con sistemas de vigilancia ya consolidados, probablemente conseguiríamos tener información precisa y de mayor calidad y se podría evitar lo que está pasando”, se refiere Larrauri al colapso de la Atención Primaria y la dificultad de notificación de casos que ha producido la sexta ola pandémica en España.

    Lo que cambiará será el sistema de vigilancia, no el tratamiento a la enfermedad, que irá variando en cada momento en función de otros patrones. En su trabajo clínico, los médicos tendrán que seguir atendiendo a los pacientes con los protocolos y tratamientos que rijan según vayan estando disponibles y en función de la gravedad de los enfermos.

    La pandemia no ha terminado. La sexta ola todavía no ha alcanzado su pico y en su avance amenaza con volver a poner a los hospitales en apuros: aunque las vacunas y las mutaciones del virus lo hacen más leve y el riesgo individual de cada persona ha bajado mucho, en términos poblacionales tantos casos se traducen en grandes cifras absolutas de pacientes ingresados. El viernes había 14.426, más que en el pico de la cuarta y la quinta ola; de ellos, 2.056 estaban en cuidados intensivos, más que en la quinta (2.031), y acercándose paulatinamente a la cifra de la cuarta (2.356), cuando todavía quedaban muchas personas en las UCI de la ola anterior.

    Tratar al Covid como una enfermedad más

    El debate cuando pase la ola de la ómicron será, más allá de la vigilancia, si transitar para tratar al Covid como una enfermedad más, convivir de una forma cada vez más natural con el virus, más allá de la vigilancia, y siempre alerta ante nuevas variantes que puedan dar giros de guion.

    Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, cree poco probable que las mutaciones del SARS-CoV-2 vayan a empeorar la situación. Más bien al contrario. “La ómicron parece más adaptada a replicarse en la parte respiratoria alta, en detrimento del pulmón, que es lo que da lugar a la enfermedad grave. Y dada la gran transmisibilidad, hay mayor proporción de personas con inmunidad natural o reforzada, en el caso de los vacunados”, asegura.

     

    fuente:https://elpais.com/sociedad/2022-01-10/esp

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    Es la que se lleva años utilizando para la gripe. En lugar de reportar cada caso de covid que se detecta en el país, algo insostenible a largo plazo, se escogerá un grupo de médicos de primaria o centros de salud, combinados con hospitales, de manera estratégica, para que funcionen como testigo. Se trata de crear una muestra estadísticamente significativa y repartida en puntos clave, como se hace con las encuestas, que permite calcular cómo se expande la enfermedad, la más leve y la más grave, pero no ya mediante el conteo exhaustivo, sino con extrapolaciones.

    Es una estrategia que se lleva preparando desde el verano de 2020. Pero la planificación entra ahora en su fase final. Los responsables del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES); los de la Ponencia de Alertas, donde están representados técnicos de todas las comunidades autónomas; y los del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) tienen esta semana previstas varias reuniones para debatir este cambio de filosofía: cuándo y cómo se va a implementar; no tiene fecha, pero no se prevé antes del final de esta sexta ola.

    “Ahora, dada la enorme transmisibilidad de la covid, resulta un desafío muy grande cumplir estrictamente con los protocolos de vigilancia universal, se está haciendo imposible”, explica Amparo Larrauri, responsable del grupo de vigilancia de gripe y otros virus respiratorios del CNE. De hecho, los protocolos ya se han empezado a relajar y ya no se exigen pruebas a los contactos directos de los positivos si no presentan síntomas, por ejemplo.

    “Ante esta nueva realidad, estamos trabajando en la transición desde la vigilancia universal a una centinela de infección respiratoria aguda leve en primaria y grave en hospitales. Pero no se puede cambiar de la noche a la mañana. Tenemos compromisos internacionales [de notificación de todos los casos] y hay que consolidar los sistemas centinela”, asegura Larrauri.

    Buena parte del trabajo ya está hecho. Hay cinco comunidades que ya han empezado en modo piloto la vigilancia con este sistema en primaria, y nueve en hospitales. “Se deben elegir los puntos centinela notificadores de determinada forma para que sean representativos de la población del territorio vigilado, de forma que siguiendo la experiencia que ya tenemos en la vigilancia de la gripe, podremos saber la evolución epidemiológica y las características de circulación de determinados virus con una muestra de lo que está sucediendo. Con sistemas de vigilancia ya consolidados, probablemente conseguiríamos tener información precisa y de mayor calidad y se podría evitar lo que está pasando”, se refiere Larrauri al colapso de la Atención Primaria y la dificultad de notificación de casos que ha producido la sexta ola pandémica en España.

    Lo que cambiará será el sistema de vigilancia, no el tratamiento a la enfermedad, que irá variando en cada momento en función de otros patrones. En su trabajo clínico, los médicos tendrán que seguir atendiendo a los pacientes con los protocolos y tratamientos que rijan según vayan estando disponibles y en función de la gravedad de los enfermos.

    La pandemia no ha terminado. La sexta ola todavía no ha alcanzado su pico y en su avance amenaza con volver a poner a los hospitales en apuros: aunque las vacunas y las mutaciones del virus lo hacen más leve y el riesgo individual de cada persona ha bajado mucho, en términos poblacionales tantos casos se traducen en grandes cifras absolutas de pacientes ingresados. El viernes había 14.426, más que en el pico de la cuarta y la quinta ola; de ellos, 2.056 estaban en cuidados intensivos, más que en la quinta (2.031), y acercándose paulatinamente a la cifra de la cuarta (2.356), cuando todavía quedaban muchas personas en las UCI de la ola anterior.

    Tratar al Covid como una enfermedad más

    El debate cuando pase la ola de la ómicron será, más allá de la vigilancia, si transitar para tratar al Covid como una enfermedad más, convivir de una forma cada vez más natural con el virus, más allá de la vigilancia, y siempre alerta ante nuevas variantes que puedan dar giros de guion.

    Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, cree poco probable que las mutaciones del SARS-CoV-2 vayan a empeorar la situación. Más bien al contrario. “La ómicron parece más adaptada a replicarse en la parte respiratoria alta, en detrimento del pulmón, que es lo que da lugar a la enfermedad grave. Y dada la gran transmisibilidad, hay mayor proporción de personas con inmunidad natural o reforzada, en el caso de los vacunados”, asegura.

     

    fuente:https://elpais.com/sociedad/2022-01-10/esp

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    Es la que se lleva años utilizando para la gripe. En lugar de reportar cada caso de covid que se detecta en el país, algo insostenible a largo plazo, se escogerá un grupo de médicos de primaria o centros de salud, combinados con hospitales, de manera estratégica, para que funcionen como testigo. Se trata de crear una muestra estadísticamente significativa y repartida en puntos clave, como se hace con las encuestas, que permite calcular cómo se expande la enfermedad, la más leve y la más grave, pero no ya mediante el conteo exhaustivo, sino con extrapolaciones.

    Es una estrategia que se lleva preparando desde el verano de 2020. Pero la planificación entra ahora en su fase final. Los responsables del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES); los de la Ponencia de Alertas, donde están representados técnicos de todas las comunidades autónomas; y los del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) tienen esta semana previstas varias reuniones para debatir este cambio de filosofía: cuándo y cómo se va a implementar; no tiene fecha, pero no se prevé antes del final de esta sexta ola.

    “Ahora, dada la enorme transmisibilidad de la covid, resulta un desafío muy grande cumplir estrictamente con los protocolos de vigilancia universal, se está haciendo imposible”, explica Amparo Larrauri, responsable del grupo de vigilancia de gripe y otros virus respiratorios del CNE. De hecho, los protocolos ya se han empezado a relajar y ya no se exigen pruebas a los contactos directos de los positivos si no presentan síntomas, por ejemplo.

    “Ante esta nueva realidad, estamos trabajando en la transición desde la vigilancia universal a una centinela de infección respiratoria aguda leve en primaria y grave en hospitales. Pero no se puede cambiar de la noche a la mañana. Tenemos compromisos internacionales [de notificación de todos los casos] y hay que consolidar los sistemas centinela”, asegura Larrauri.

    Buena parte del trabajo ya está hecho. Hay cinco comunidades que ya han empezado en modo piloto la vigilancia con este sistema en primaria, y nueve en hospitales. “Se deben elegir los puntos centinela notificadores de determinada forma para que sean representativos de la población del territorio vigilado, de forma que siguiendo la experiencia que ya tenemos en la vigilancia de la gripe, podremos saber la evolución epidemiológica y las características de circulación de determinados virus con una muestra de lo que está sucediendo. Con sistemas de vigilancia ya consolidados, probablemente conseguiríamos tener información precisa y de mayor calidad y se podría evitar lo que está pasando”, se refiere Larrauri al colapso de la Atención Primaria y la dificultad de notificación de casos que ha producido la sexta ola pandémica en España.

    Lo que cambiará será el sistema de vigilancia, no el tratamiento a la enfermedad, que irá variando en cada momento en función de otros patrones. En su trabajo clínico, los médicos tendrán que seguir atendiendo a los pacientes con los protocolos y tratamientos que rijan según vayan estando disponibles y en función de la gravedad de los enfermos.

    La pandemia no ha terminado. La sexta ola todavía no ha alcanzado su pico y en su avance amenaza con volver a poner a los hospitales en apuros: aunque las vacunas y las mutaciones del virus lo hacen más leve y el riesgo individual de cada persona ha bajado mucho, en términos poblacionales tantos casos se traducen en grandes cifras absolutas de pacientes ingresados. El viernes había 14.426, más que en el pico de la cuarta y la quinta ola; de ellos, 2.056 estaban en cuidados intensivos, más que en la quinta (2.031), y acercándose paulatinamente a la cifra de la cuarta (2.356), cuando todavía quedaban muchas personas en las UCI de la ola anterior.

    Tratar al Covid como una enfermedad más

    El debate cuando pase la ola de la ómicron será, más allá de la vigilancia, si transitar para tratar al Covid como una enfermedad más, convivir de una forma cada vez más natural con el virus, más allá de la vigilancia, y siempre alerta ante nuevas variantes que puedan dar giros de guion.

    Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, cree poco probable que las mutaciones del SARS-CoV-2 vayan a empeorar la situación. Más bien al contrario. “La ómicron parece más adaptada a replicarse en la parte respiratoria alta, en detrimento del pulmón, que es lo que da lugar a la enfermedad grave. Y dada la gran transmisibilidad, hay mayor proporción de personas con inmunidad natural o reforzada, en el caso de los vacunados”, asegura.

     

    fuente:https://elpais.com/sociedad/2022-01-10/esp

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