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Saturday, September 25, 2021

El 1ro de octubre entran en vigor nuevas medidas fiscales

A partir del 1 de octubre de 2021, habrá un incremento en Suriname de las tarifas de los productos producidos en el país y...
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    Cómo ayudar a tu gato a instalarse en su nuevo hogar

    Foto: @patoenparamaribo

    Tengo una gata libanesa que se llama Shou. No hay una traducción literal de esta expresión árabe al español, pero en inglés se acerca un poco más a la original: “What’s up?”. “¿Qué pasa?”, no le hace justicia, pero más o menos eso significa Shou. Fue la primera expresión que pude retener de todas las frases que escuché  en mis primeros días de expa en Beirut. “¿Shou, Pato?”. Por eso, cuando adoptamos a nuestra gata no lo dudé. Le dije “¿Shou gatita?” Y en ese momento fue bautizada.

    Shou voló de Beirut a París. Hizo 12 hs de escala en Charles de Gaulle paseando con correa entre las boutiques, mientras yo intentaba que no se confunda las lujosas alfombras con su bandeja de piedritas. De ahí a Buenos Aires, con escala en San Pablo. Siempre atenta pero confiada: estaba con nosotros.

    Luego de una estadía en Argentina, Covid mediante, aterrizamos juntas en Paramaribo. Otra odisea. Fueron vuelos cortos. Escalas largas. San Pablo. Belem. Sobrevolamos el Amazonas en un piper y llegamos a nuestro hogar. Para las dos fue toda una aventura. 

    Cuando investigué los sitios web sobre cómo ayudar a mi gata Shou a instalarse a este nuevo hogar, me dí cuenta de que no era sólo una guía para ella. Lo era para mí. O para nosotros, queridos expa. O futuros. O simplemente curiosos de este tipo de vida de trashumantes.

    “Mantén a tu gato dentro de casa durante al menos dos semanas para que se acostumbre al nuevo ambiente”. Este punto lo cumplí, obligadamente, cuando llegué a este nuevo país. Hasta el momento, Surinam nos exige a los extranjeros que hagamos 10 días de cuarentena que puede ser en nuestras casas, con vigilancia o en hoteles. En todos los casos, los gastos generados son a cargo de cada viajero. Cumplido ese período, se realiza un test de PCR y de ser negativo, se puede salir del confinamiento. Ese fue para Shou y para mi, nuestro período de “adaptación”; al clima, a la casa, a los ruidos del entorno y del barrio, a la TV. 

    “Dale comidas pequeñas y frecuentes”. La semana pasada les conté de mi debilidad por el café y las tortas de Waka Passi. Algo les adelanté de mis primeras aventuras en supermercados aquí y mi experiencia con los huevos en masala. De cada país en los que estuve me he llevado muy buenos recuerdos. Corazones en mi Google Maps que me recuerdan las direcciones para volver o recomendar y tengo mis platos favoritos en cada uno de esos lugares. 

    Tanto me gusta comer rico que cuando llegué a Paramaribo yo ya tenía mi lista de restaurantes a los que debía ir. Y debo decir que no me han fallado. Dos meses aquí y tengo mi restaurante de comida Thai favorito, con un riquísimo Pad Kra Pao Moo y unas Thai Shrimp Cake simplemente deliciosas. Conocí a uno de los mejores chef de la ciudad, uruguayo y quien  prepara una pizza con la que conquistó mi corazón porteño, lleno de masas al molde y muzzarella chorreante (como se come en Buenos Aires). 

    También me encanta ir a comer a un lugar de muy buena ambientación y música, con un salón estilo “mercado de pulgas” en el primer piso y donde las chicken wing son súper picantes y ricas y las quesadillas un manjar. También me enamoré de una panna cotta de café, con caramelo de nueces y helado, en una cabaña de madera, con carta europea y un menú sorpresa de 5 pasos.  

    “Mantén las mismas rutinas que seguías en tu anterior casa para que tenga la máxima sensación de continuidad y familiaridad”. Sigo trabajando, hablando con mi familia y amigos por videollamada todos los días. Veo noticieros de mi país  por la mañana o por la noche. Tengo mi rutina de salir a conocer nuevos lugares en la ciudad, dejándome sorprender por la apertura de algún nuevo local o la muestra de alguna exposición de arte. Empiezo un gimnasio. Dejo un gimnasio. Escribo. Leo. Veo películas. Hago karaoke. Realmente, al no tener diferencia horaria con mi país, todo es más fácil esta vez.

    “Ayuda a tu gato a sentirse seguro difundiendo su olor por toda la casa”. Tomé este punto pero amplié la “casa” a “toda la ciudad”. Las primeras semanas en Paramaribo recorrí lugares turísticos que había googleado, que me habían recomendado, compré mis alimentos en los dos supermercados más conocidos aquí, zona norte y zona sur. Crucé el río y visité Nieuw Amsterdam. Voy seguido a la calle  Anamoe en el barrio brasileño y aún espero encontrar quien venda Pão de Queijo. En todos lados encontré gente amable, que ya me conocen y me saludan. Creo que este último punto lo estoy consiguiendo. Mi olor en Paramaribo lo estoy esparciendo.

    Los espero en mi Instagram @patoenparamaribo con más fotos.

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    Cómo ayudar a tu gato a instalarse en su nuevo hogar

    Foto: @patoenparamaribo

    Tengo una gata libanesa que se llama Shou. No hay una traducción literal de esta expresión árabe al español, pero en inglés se acerca un poco más a la original: “What’s up?”. “¿Qué pasa?”, no le hace justicia, pero más o menos eso significa Shou. Fue la primera expresión que pude retener de todas las frases que escuché  en mis primeros días de expa en Beirut. “¿Shou, Pato?”. Por eso, cuando adoptamos a nuestra gata no lo dudé. Le dije “¿Shou gatita?” Y en ese momento fue bautizada.

    Shou voló de Beirut a París. Hizo 12 hs de escala en Charles de Gaulle paseando con correa entre las boutiques, mientras yo intentaba que no se confunda las lujosas alfombras con su bandeja de piedritas. De ahí a Buenos Aires, con escala en San Pablo. Siempre atenta pero confiada: estaba con nosotros.

    Luego de una estadía en Argentina, Covid mediante, aterrizamos juntas en Paramaribo. Otra odisea. Fueron vuelos cortos. Escalas largas. San Pablo. Belem. Sobrevolamos el Amazonas en un piper y llegamos a nuestro hogar. Para las dos fue toda una aventura. 

    Cuando investigué los sitios web sobre cómo ayudar a mi gata Shou a instalarse a este nuevo hogar, me dí cuenta de que no era sólo una guía para ella. Lo era para mí. O para nosotros, queridos expa. O futuros. O simplemente curiosos de este tipo de vida de trashumantes.

    “Mantén a tu gato dentro de casa durante al menos dos semanas para que se acostumbre al nuevo ambiente”. Este punto lo cumplí, obligadamente, cuando llegué a este nuevo país. Hasta el momento, Surinam nos exige a los extranjeros que hagamos 10 días de cuarentena que puede ser en nuestras casas, con vigilancia o en hoteles. En todos los casos, los gastos generados son a cargo de cada viajero. Cumplido ese período, se realiza un test de PCR y de ser negativo, se puede salir del confinamiento. Ese fue para Shou y para mi, nuestro período de “adaptación”; al clima, a la casa, a los ruidos del entorno y del barrio, a la TV. 

    “Dale comidas pequeñas y frecuentes”. La semana pasada les conté de mi debilidad por el café y las tortas de Waka Passi. Algo les adelanté de mis primeras aventuras en supermercados aquí y mi experiencia con los huevos en masala. De cada país en los que estuve me he llevado muy buenos recuerdos. Corazones en mi Google Maps que me recuerdan las direcciones para volver o recomendar y tengo mis platos favoritos en cada uno de esos lugares. 

    Tanto me gusta comer rico que cuando llegué a Paramaribo yo ya tenía mi lista de restaurantes a los que debía ir. Y debo decir que no me han fallado. Dos meses aquí y tengo mi restaurante de comida Thai favorito, con un riquísimo Pad Kra Pao Moo y unas Thai Shrimp Cake simplemente deliciosas. Conocí a uno de los mejores chef de la ciudad, uruguayo y quien  prepara una pizza con la que conquistó mi corazón porteño, lleno de masas al molde y muzzarella chorreante (como se come en Buenos Aires). 

    También me encanta ir a comer a un lugar de muy buena ambientación y música, con un salón estilo “mercado de pulgas” en el primer piso y donde las chicken wing son súper picantes y ricas y las quesadillas un manjar. También me enamoré de una panna cotta de café, con caramelo de nueces y helado, en una cabaña de madera, con carta europea y un menú sorpresa de 5 pasos.  

    “Mantén las mismas rutinas que seguías en tu anterior casa para que tenga la máxima sensación de continuidad y familiaridad”. Sigo trabajando, hablando con mi familia y amigos por videollamada todos los días. Veo noticieros de mi país  por la mañana o por la noche. Tengo mi rutina de salir a conocer nuevos lugares en la ciudad, dejándome sorprender por la apertura de algún nuevo local o la muestra de alguna exposición de arte. Empiezo un gimnasio. Dejo un gimnasio. Escribo. Leo. Veo películas. Hago karaoke. Realmente, al no tener diferencia horaria con mi país, todo es más fácil esta vez.

    “Ayuda a tu gato a sentirse seguro difundiendo su olor por toda la casa”. Tomé este punto pero amplié la “casa” a “toda la ciudad”. Las primeras semanas en Paramaribo recorrí lugares turísticos que había googleado, que me habían recomendado, compré mis alimentos en los dos supermercados más conocidos aquí, zona norte y zona sur. Crucé el río y visité Nieuw Amsterdam. Voy seguido a la calle  Anamoe en el barrio brasileño y aún espero encontrar quien venda Pão de Queijo. En todos lados encontré gente amable, que ya me conocen y me saludan. Creo que este último punto lo estoy consiguiendo. Mi olor en Paramaribo lo estoy esparciendo.

    Los espero en mi Instagram @patoenparamaribo con más fotos.

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    Cómo ayudar a tu gato a instalarse en su nuevo hogar

    Foto: @patoenparamaribo

    Tengo una gata libanesa que se llama Shou. No hay una traducción literal de esta expresión árabe al español, pero en inglés se acerca un poco más a la original: “What’s up?”. “¿Qué pasa?”, no le hace justicia, pero más o menos eso significa Shou. Fue la primera expresión que pude retener de todas las frases que escuché  en mis primeros días de expa en Beirut. “¿Shou, Pato?”. Por eso, cuando adoptamos a nuestra gata no lo dudé. Le dije “¿Shou gatita?” Y en ese momento fue bautizada.

    Shou voló de Beirut a París. Hizo 12 hs de escala en Charles de Gaulle paseando con correa entre las boutiques, mientras yo intentaba que no se confunda las lujosas alfombras con su bandeja de piedritas. De ahí a Buenos Aires, con escala en San Pablo. Siempre atenta pero confiada: estaba con nosotros.

    Luego de una estadía en Argentina, Covid mediante, aterrizamos juntas en Paramaribo. Otra odisea. Fueron vuelos cortos. Escalas largas. San Pablo. Belem. Sobrevolamos el Amazonas en un piper y llegamos a nuestro hogar. Para las dos fue toda una aventura. 

    Cuando investigué los sitios web sobre cómo ayudar a mi gata Shou a instalarse a este nuevo hogar, me dí cuenta de que no era sólo una guía para ella. Lo era para mí. O para nosotros, queridos expa. O futuros. O simplemente curiosos de este tipo de vida de trashumantes.

    “Mantén a tu gato dentro de casa durante al menos dos semanas para que se acostumbre al nuevo ambiente”. Este punto lo cumplí, obligadamente, cuando llegué a este nuevo país. Hasta el momento, Surinam nos exige a los extranjeros que hagamos 10 días de cuarentena que puede ser en nuestras casas, con vigilancia o en hoteles. En todos los casos, los gastos generados son a cargo de cada viajero. Cumplido ese período, se realiza un test de PCR y de ser negativo, se puede salir del confinamiento. Ese fue para Shou y para mi, nuestro período de “adaptación”; al clima, a la casa, a los ruidos del entorno y del barrio, a la TV. 

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    Tanto me gusta comer rico que cuando llegué a Paramaribo yo ya tenía mi lista de restaurantes a los que debía ir. Y debo decir que no me han fallado. Dos meses aquí y tengo mi restaurante de comida Thai favorito, con un riquísimo Pad Kra Pao Moo y unas Thai Shrimp Cake simplemente deliciosas. Conocí a uno de los mejores chef de la ciudad, uruguayo y quien  prepara una pizza con la que conquistó mi corazón porteño, lleno de masas al molde y muzzarella chorreante (como se come en Buenos Aires). 

    También me encanta ir a comer a un lugar de muy buena ambientación y música, con un salón estilo “mercado de pulgas” en el primer piso y donde las chicken wing son súper picantes y ricas y las quesadillas un manjar. También me enamoré de una panna cotta de café, con caramelo de nueces y helado, en una cabaña de madera, con carta europea y un menú sorpresa de 5 pasos.  

    “Mantén las mismas rutinas que seguías en tu anterior casa para que tenga la máxima sensación de continuidad y familiaridad”. Sigo trabajando, hablando con mi familia y amigos por videollamada todos los días. Veo noticieros de mi país  por la mañana o por la noche. Tengo mi rutina de salir a conocer nuevos lugares en la ciudad, dejándome sorprender por la apertura de algún nuevo local o la muestra de alguna exposición de arte. Empiezo un gimnasio. Dejo un gimnasio. Escribo. Leo. Veo películas. Hago karaoke. Realmente, al no tener diferencia horaria con mi país, todo es más fácil esta vez.

    “Ayuda a tu gato a sentirse seguro difundiendo su olor por toda la casa”. Tomé este punto pero amplié la “casa” a “toda la ciudad”. Las primeras semanas en Paramaribo recorrí lugares turísticos que había googleado, que me habían recomendado, compré mis alimentos en los dos supermercados más conocidos aquí, zona norte y zona sur. Crucé el río y visité Nieuw Amsterdam. Voy seguido a la calle  Anamoe en el barrio brasileño y aún espero encontrar quien venda Pão de Queijo. En todos lados encontré gente amable, que ya me conocen y me saludan. Creo que este último punto lo estoy consiguiendo. Mi olor en Paramaribo lo estoy esparciendo.

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